Contextualiza en la era de la vertiginosidad

Hoy en día utilizamos herramientas de mensajería instantánea a todas horas. En la llamada era de la información, somos consumidores habituales —constantes, diría— de fragmentos de información que llegan a nosotros sin que lo solicitemos.

Es bueno recordar que las herramientas de comunicación móviles se inventaron para la urgencia, pero que las utilizamos para lo más mundano y corriente. Y la urgencia no es la mejor compañera ni del razonamiento ni de la memoria, como el visionario Michael Ende resume en estas maravillosas frases:

Aquella historia fue devorada con la misma urgencia que todas las otras y olvidada con la misma rapidez.

[…]

Llevado por el miedo de que el éxito pudiera abandonarlo, empezó a contar de nuevo todos sus cuentos, sólo que con otros nombres y algunos cambios. Lo sorprendente fue que nadie pareció darse cuenta. Por lo menos no influyó en la demanda.

Momo (1973), Michael Ende.

Sin embargo, poder compartir enlaces a lo loco no conlleva necesariamente que tengamos que hacerlo así ni que sea mejor. No por un tema de responsabilidad, sino por calidad comunicativa.

En esta era vertiginosa, en la que nos vemos forzados a evaluar con ligereza todo fragmento de información y jugamos al Tinder con los titulares de las noticias, no es raro que nos cuelen infinitos ciberanzuelos y noticias falsas, se nos acumule cada vez más estrés y nuestras ideas se radicalicen. Recurrimos a nuestros propios sesgos y prejuicios debido a una falta de tiempo para procesar toda esa información. Y no hablemos ya del dolor de cabeza de tanto cambio de contexto cuando leemos apresuradamente un centenar de mensajes apelotonados en un grupo de chat.

Una solución sencilla: contexto

¿Para qué compartimos? Creo no equivocarme al afirmar que la mayoría de veces no queda nada claro. Quizá algo nos resulta interesante, otras veces nos enfada, otras simplemente no sabemos qué pensar y pedimos una opinión. Otras veces nos acordamos de alguien, porque la comunicación también es emocional, en tanto humana. Toda esa profundidad —tan rica— se pierde en la simplificación de la inmediatez.

Añadir un pequeño contexto al enlace o contenido que compartimos puede parecer una tontería, pero funciona porque respondemos a la pregunta tácita del lector: ¿y esto?. Puede ser sencillamente el extracto que te ha llamado la atención. Pero, en definitiva, debe revelar el motivo que nos lleva a compartir, y será mejor si está escrito para la ocasión y es personal. Al acotar y procesar la información, la hacemos más accesible y abordable tanto para el lector como para nosotros mismos.

La idea ni es mía ni es nueva. La he recordado de The Garden and the Stream: A Technopastoral, un ensayo del que todavía hoy sigo aprendiendo. Mike Caulfield ha trabajado con el inventor del concepto de wiki en el desarrollo de la wiki personal como un elemento para el discurso colectivo. El contexto se utiliza como la extracción reutilizable de un recurso, que sirve para conectar con otras ideas y para volver a encontrar el contenido en el futuro.

La cortesía de la red

Llevo escribiendo el contexto de los enlaces que comparto unos meses en mis comunicaciones personales. También creo que era parte de aquella antigua, asíncrona, tranquila e idealizada Web que algunos conocimos participando en foros y que quizá quieren continuar, de cierta manera, plataformas centralizadas y privativas como Menéame y Reddit, o plataformas libres y descentralizadas como Mastodon y Pleroma.

Además de todo lo dicho arriba, creo que escribir contextos es un buen ejercicio de síntesis para la mente. En ese sentido, me recuerda a la extracción de ideas de los comentarios de texto de la asignatura de Filosofía en Bachillerato. Pero también me hace consciente de por qué comparto y llego a otras personas.

Inicié este blog con varios propósitos, como asentar mis propias ideas y solidificar cierto conocimiento, opiniones y vivencias, y para entrenar mis habilidades comunicativas. Escribir contextos es una magnífica manera de preparar el terreno antes de sentarme a un ordenador.

~Roboe